23 dic. 2013

Un futuro prometedor para la música clásica...


Después de varias semanas de intensa actividad existe un momento de descanso para poder dar forma a todo lo que ha acontecido en ellas.


Si bien es verdad que el trabajo y dedicación a lo que creo y creemos como esencial en nuestras vidas no ha dejado de estar presente ni un solo instante, es decir, el estudio, investigación e interpretación de la Música de Cámara, así como la búsqueda continua de la excelencia en cada una de nuestras interpretaciones, hay cosas que no dejan de sorprender por muy acostumbrados que nos creamos.

Hace poco menos de un mes acogimos la 80 convocatoria del Concurso Permanente de Jóvenes Intérpretes de Juventudes Musicales de España en nuestra sede oficial de Málaga en las especialidades de Arpa, Canto y Música de Cámara. Aunque la preparación de todo ello supuso un esfuerzo extra a nuestro ya intenso día a día, el trabajo valía la pena por el fondo tan importante que este prestigioso concurso guarda en sí mismo, a saber: el apoyo a nuestra juventud y a su talento musical mediante la posibilidad de ofrecer una recompensa que supera la temporalidad del dinero y que genera riqueza a corto, medio y largo plazo. Es decir, se trata de un concurso que permite a los primeros y segundos premios pasear su talento por escenarios de toda España y así crear un bagaje que posibilite impulsar su carrera musical a modo de trampolín.

Ciertamente provoca ilusión ver el talento que muestra una juventud a la cual, en los momentos que corren, se les ha quitado casi toda esperanza de futuro en una sociedad y un mundo que de por sí cuenta ya con grandes autómatas que ni aman ni siente la música, sino que tras finalizar una larga y costosa carrera se sumergen en el sistema convirtiéndose en interesados personajes de grandes egos que sólo son grandes si hay minúsculos a su alrededor.

Al igual que les pasará a toda esta juventud que mostró su talento durante estos días, la experiencia propia predice que la vida les proporcionará buenos y malos momentos en compañía de personas que no recordarán nunca y otras que dejarán huella, quedando sus enseñanzas, consejos o aportaciones en el recuerdo más absoluto y longevo.

Pues bien, participando de los ensayos de esta potente juventud y escuchando sus interpretaciones, las cuales aún son sinceras e inocentes, vuelve a la memoria de cada uno de nosotros y nosotras el sentimiento íntegro que años atrás hizo prender una luz que procuró sentido para hacer lo que hacemos y luchar por lo que luchamos.

Es por ello que doy las gracias a toda esta juventud musical por recordar el hecho de que existe verdad más allá de vanidades e intereses personales tiznados de falsos razonamientos sociales y musicales, pues no hay mayor recompensa que saber el sentimiento tan verdadero que se esconde detrás de una vida de dedicación absoluta a todo aquello que se ama.

M. P. G


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